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Economías verdes en el Caribe: nuevo programa impulsa desarrollo sostenible regional

Tiempo de lectura: 4 min
Economia verde en el Caribe

El Caribe está dando un paso estratégico hacia un nuevo modelo económico más resiliente, inclusivo y sostenible. En febrero de 2026, varios países de la región han comenzado a trabajar conjuntamente en un programa orientado a fortalecer las capacidades productivas sostenibles como base para impulsar economías verdes en el Caribe. La iniciativa, desarrollada con apoyo de organismos internacionales, busca transformar las estructuras económicas tradicionales de estos países para adaptarlas a los desafíos del cambio climático, la volatilidad global y la necesidad urgente de desarrollo sostenible.

El programa involucra a países como República Dominicana, Jamaica, Trinidad y Tobago y Antigua y Barbuda, y se centra en mejorar la resiliencia económica de los pequeños Estados insulares en desarrollo mediante políticas públicas basadas en evidencia. Una de las acciones clave ha sido la realización de una reunión regional de expertos sobre medición de capacidades productivas, celebrada a principios de febrero, en la que se avanzó en la construcción del Índice Satélite de Capacidades Productivas, una herramienta diseñada para ayudar a formular estrategias económicas adaptadas a las realidades estructurales del Caribe.

Este índice permitirá evaluar factores como infraestructura, capital humano, innovación, digitalización y sostenibilidad ambiental, elementos considerados esenciales para el crecimiento económico moderno. La idea central es que el desarrollo sostenible no debe limitarse a la protección ambiental, sino que debe integrarse en la estructura productiva de los países para garantizar competitividad y estabilidad a largo plazo.

Una transición necesaria para economías vulnerables

Las economías caribeñas han dependido históricamente de sectores como el turismo y la extracción de recursos naturales. Sin embargo, estos modelos presentan importantes vulnerabilidades frente a crisis externas, desastres naturales y fluctuaciones económicas globales. Por ello, el nuevo programa pone el foco en diversificar la actividad productiva más allá de los sectores tradicionales, con el objetivo de aumentar la resiliencia económica y fomentar un crecimiento inclusivo.

En este contexto, la iniciativa se alinea con las estrategias de desarrollo nacionales y con los esfuerzos impulsados por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que promueve un enfoque de cooperación multilateral orientado al fortalecimiento institucional y el intercambio de conocimientos entre los pequeños Estados insulares en desarrollo.

La lógica detrás de esta transición es clara: los países del Caribe se encuentran entre los más vulnerables al cambio climático. La sostenibilidad ya no es solo una cuestión ambiental, sino también una necesidad económica. Avanzar hacia economías verdes en el Caribe implica reducir riesgos estructurales, atraer inversión y generar nuevas oportunidades laborales en sectores emergentes.

Capacidades productivas sostenibles como motor del cambio

El fortalecimiento de capacidades productivas se ha convertido en el eje central de esta transformación. Durante los talleres nacionales desarrollados en el marco del programa, se abordaron temas clave como la infraestructura digital pública, el desarrollo del capital humano, la transformación productiva y la generación de empleo sostenible.

Además, se realizaron capacitaciones técnicas dirigidas a profesionales de los sistemas estadísticos nacionales, con el objetivo de mejorar la medición y el análisis de indicadores económicos vinculados a la sostenibilidad. Estas acciones buscan dotar a los países de herramientas que permitan diseñar políticas públicas más eficaces y adaptadas a sus realidades específicas.

La formación de técnicos en el uso de software avanzado para análisis de datos es especialmente relevante, ya que permitirá interpretar de manera más precisa el impacto de las políticas económicas y ambientales. En total, más de veinte especialistas fueron capacitados para mejorar la capacidad institucional en la toma de decisiones estratégicas.

Una visión regional del desarrollo sostenible

Este nuevo enfoque no se limita al crecimiento económico tradicional. La iniciativa reconoce que la biodiversidad, los recursos naturales y los ecosistemas del Caribe constituyen activos estratégicos para el desarrollo. En foros recientes sobre acción climática y biodiversidad en América Latina y el Caribe se ha destacado que la riqueza natural de la región puede convertirse en una ventaja competitiva si se integra en los modelos económicos.

La región posee cerca del 40% de la biodiversidad del planeta, lo que la posiciona como un actor clave en la transición global hacia modelos económicos sostenibles. Aprovechar este capital natural de manera responsable puede impulsar sectores como la agricultura sostenible, la energía renovable, la economía azul y el ecoturismo.

De hecho, informes recientes indican que proteger el medio ambiente puede generar empleo en áreas como agricultura, transporte, turismo y gestión de residuos, demostrando que sostenibilidad y desarrollo económico no son objetivos incompatibles.

El papel de la inversión y la cooperación internacional

La transición hacia economías verdes en el Caribe también requiere financiamiento. En este sentido, organismos regionales y multilaterales están aumentando su apoyo a iniciativas sostenibles. El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe se ha consolidado como un actor clave en la movilización de recursos para proyectos relacionados con resiliencia climática, transición energética y crecimiento bajo en carbono.

La cooperación internacional permite a los países caribeños acceder a financiamiento verde, asistencia técnica y herramientas metodológicas que facilitan la implementación de políticas sostenibles. Este enfoque colaborativo es esencial para superar limitaciones estructurales como el tamaño de las economías, la dependencia de importaciones o la exposición a fenómenos climáticos extremos.

Hacia un nuevo modelo económico caribeño

Más allá de los resultados inmediatos, el nuevo programa representa un cambio de paradigma en la forma en que el Caribe concibe su desarrollo. La sostenibilidad deja de ser un complemento para convertirse en un eje estructural de la economía.

En países como República Dominicana, la economía verde ya comienza a consolidarse como política de Estado, impulsada por marcos regulatorios modernos y alianzas público-privadas que buscan descarbonizar la economía y fomentar la economía circular.

Este enfoque abre la puerta a nuevos modelos productivos basados en innovación, eficiencia energética y uso responsable de los recursos naturales. También fortalece la reputación internacional de la región como destino de inversión sostenible.

El desafío ahora será mantener el impulso político, técnico y financiero necesario para traducir estos avances en resultados tangibles para la población. Si el programa logra consolidarse, el Caribe podría convertirse en un referente global de desarrollo sostenible adaptado a economías insulares.

La construcción de economías verdes en el Caribe no solo es posible, sino que ya está en marcha. Y su éxito podría marcar el camino para otras regiones vulnerables que buscan crecer sin comprometer su futuro ambiental.