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Cómo protegerse de una ola de calor: consejos para evitar riesgos y cuidar la salud

Martes, 7 julio 2026
Tiempo de lectura: 4 min
Olas de calor
Imagen: Freepik.es

Las olas de calor se han convertido en un fenómeno cada vez más habitual en España y en gran parte de Europa. El aumento de las temperaturas extremas no solo afecta al confort diario, sino que también supone un importante riesgo para la salud, especialmente en personas mayores, niños, embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas. Saber cómo protegerse de una ola de calor es fundamental para reducir el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor o incluso un golpe de calor, una emergencia médica que requiere atención inmediata.

Las autoridades sanitarias y organismos internacionales recomiendan adoptar una serie de medidas preventivas antes y durante estos episodios de calor intenso. Muchas de ellas son sencillas de aplicar y pueden marcar una gran diferencia para mantener el organismo en condiciones seguras cuando los termómetros alcanzan valores muy elevados.

Mantener la vivienda fresca durante las horas de más calor

El hogar puede convertirse en un refugio frente a las altas temperaturas si se toman algunas precauciones. Durante las horas de mayor radiación solar, normalmente entre el mediodía y el final de la tarde, conviene mantener cerradas las ventanas, persianas y cortinas para impedir que el calor entre en el interior de la vivienda.

Los sistemas de sombreado, como toldos o persianas exteriores, ayudan a reducir significativamente la temperatura interior al bloquear la incidencia directa del sol sobre las ventanas. Si se dispone de aire acondicionado, es recomendable utilizarlo de forma eficiente, manteniendo una temperatura moderada para evitar un consumo excesivo de energía.

Cuando las temperaturas descienden al anochecer, abrir varias ventanas para generar ventilación cruzada permite renovar el aire y refrescar naturalmente las habitaciones. Los ventiladores también pueden mejorar la sensación térmica, aunque cuando las temperaturas son extremadamente elevadas no sustituyen otras medidas de protección.

La hidratación es la mejor aliada frente al calor

Uno de los principales riesgos durante una ola de calor es la deshidratación. El organismo pierde líquidos y sales minerales a través del sudor, por lo que es importante reponerlos antes incluso de sentir sed.

La recomendación general es beber agua con frecuencia a lo largo del día, especialmente si se permanece al aire libre o se realiza algún esfuerzo físico. Las bebidas con alto contenido en azúcar o alcohol deben limitarse, ya que pueden favorecer una mayor pérdida de líquidos o dificultar una correcta hidratación.

Las frutas con un elevado contenido en agua, como la sandía, el melón, las naranjas o las fresas, también contribuyen a mantener un adecuado nivel de hidratación, además de aportar vitaminas y minerales beneficiosos para el organismo.

Elegir una alimentación ligera favorece el bienestar

La alimentación también desempeña un papel importante durante las jornadas de calor extremo. Las comidas abundantes y con un elevado contenido en grasas obligan al organismo a realizar digestiones más pesadas, generando un mayor esfuerzo metabólico y aumentando la sensación de calor.

Por ello, resulta aconsejable optar por platos frescos y ligeros como ensaladas, gazpachos, verduras, frutas, pescados o carnes magras. Repartir la alimentación en varias comidas de menor cantidad también facilita la digestión y ayuda a mantener una mejor sensación de bienestar durante todo el día.

Vestimenta adecuada para reducir el impacto del calor

La ropa influye directamente en la capacidad del cuerpo para regular su temperatura. Lo más recomendable es utilizar prendas holgadas, confeccionadas con tejidos ligeros y transpirables como el algodón o el lino, además de elegir colores claros que reflejen mejor la radiación solar.

Si es necesario salir al exterior, conviene proteger la cabeza mediante un sombrero o gorra de ala ancha y utilizar gafas de sol homologadas para reducir la exposición a la radiación ultravioleta. La aplicación de protector solar sobre las zonas expuestas también ayuda a prevenir quemaduras y daños en la piel.

Evitar las horas de máxima exposición solar

Durante una ola de calor, la intensidad del sol alcanza sus niveles más altos entre las 12:00 y las 18:00 horas aproximadamente. Siempre que sea posible, es recomendable evitar actividades físicas intensas en ese intervalo, especialmente si se desarrollan al aire libre.

Las personas que trabajan en exteriores deben realizar pausas frecuentes en lugares con sombra, hidratarse de forma constante y adaptar los horarios cuando sea posible para minimizar la exposición al calor.

En caso de practicar deporte, resulta mucho más seguro hacerlo durante las primeras horas de la mañana o al anochecer, cuando las temperaturas son considerablemente más bajas.

Refugios climáticos: una alternativa frente a las temperaturas extremas

Muchas ciudades disponen de espacios públicos climatizados conocidos como refugios climáticos, especialmente habilitados para ofrecer protección durante las olas de calor. Bibliotecas, centros culturales, edificios municipales o centros comerciales pueden convertirse en lugares seguros para permanecer durante las horas más calurosas del día.

Asimismo, los parques con abundante vegetación ofrecen zonas de sombra que ayudan a reducir la temperatura ambiente respecto a otras áreas urbanas completamente asfaltadas. Siempre que sea posible, caminar por calles arboladas también disminuye la exposición directa al sol.

Identificar los primeros síntomas del agotamiento por calor

Reconocer las señales de alerta permite actuar rápidamente antes de que aparezcan complicaciones graves. Entre los síntomas más habituales del agotamiento por calor se encuentran:

  • Mareos o sensación de desmayo.
  • Debilidad intensa.
  • Calambres musculares.
  • Sudoración abundante.
  • Dolor de cabeza.
  • Náuseas o vómitos.
  • Pulso acelerado.

Ante cualquiera de estos síntomas, es importante interrumpir inmediatamente la actividad física, trasladarse a un lugar fresco o con sombra, beber agua lentamente y descansar. Si los síntomas empeoran o no mejoran en poco tiempo, debe solicitarse atención sanitaria.

El golpe de calor requiere atención médica urgente

El golpe de calor constituye la complicación más grave asociada a las altas temperaturas. Se produce cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura corporal, pudiendo superar los 40 grados.

Entre sus síntomas destacan la piel caliente y seca o con muy poca sudoración, confusión, dificultad para hablar, pérdida de conciencia, convulsiones o alteraciones del comportamiento. Ante una situación de este tipo es imprescindible llamar inmediatamente a los servicios de emergencia mientras se traslada a la persona afectada a un lugar fresco y se intenta reducir su temperatura corporal mediante paños húmedos o ventilación.

Proteger a las personas más vulnerables

Las personas mayores, los niños pequeños, quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales, así como quienes viven solos, presentan un mayor riesgo durante una ola de calor. Mantener un contacto frecuente con familiares, vecinos o personas dependientes permite detectar rápidamente cualquier problema relacionado con las altas temperaturas.

También es fundamental no dejar nunca a niños, personas dependientes o mascotas dentro de vehículos estacionados, aunque las ventanillas permanezcan parcialmente abiertas, ya que la temperatura interior puede aumentar de forma muy rápida y alcanzar niveles potencialmente mortales.

Adoptar medidas preventivas sencillas como mantener una buena hidratación, adaptar la vivienda, evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día y conocer los síntomas de alarma permite afrontar las olas de calor con mayor seguridad. La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para proteger la salud frente a uno de los fenómenos meteorológicos extremos que más impacto tiene sobre la población.