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Microorganismos en tubos de lava del Tajogaite: el descubrimiento que abre nuevas puertas a la ciencia

Lunes, 13 julio 2026
Tiempo de lectura: 4 min
Tubo de lava
Imagen: Freepik.es

La erupción del volcán Tajogaite, en la isla canaria de La Palma, transformó por completo el paisaje en 2021. La lava sepultó viviendas, carreteras y cultivos, dejando tras de sí un escenario aparentemente inhóspito donde parecía imposible que la vida pudiera establecerse en tan poco tiempo. Sin embargo, apenas unos años después, un grupo internacional de investigadores ha demostrado que la naturaleza comienza a recuperarse mucho antes de lo que se pensaba.

Un estudio científico ha identificado las primeras comunidades de microorganismos en tubos de lava recién formados bajo las coladas del Tajogaite. Se trata de un descubrimiento de gran relevancia para comprender cómo se regeneran los ecosistemas tras una erupción volcánica y, al mismo tiempo, aporta nuevas pistas para la búsqueda de vida en otros planetas como Marte.

Un ecosistema completamente nuevo bajo la lava

Los tubos de lava son estructuras naturales que se generan cuando la superficie de una colada volcánica se enfría y se solidifica mientras el magma continúa circulando por su interior. Cuando la lava termina de fluir, quedan grandes galerías subterráneas que pueden conservar durante años unas condiciones ambientales muy particulares.

En el caso del Tajogaite, estas cavidades representan uno de los ecosistemas más jóvenes que pueden estudiarse actualmente en la Tierra. Apenas habían transcurrido entre uno y dos años desde su formación cuando comenzaron las investigaciones, lo que permitió observar prácticamente desde el inicio cómo empieza la colonización biológica de un entorno completamente nuevo.

Aunque desde el exterior el paisaje parece desprovisto de vida, en el interior de estos tubos existen condiciones que favorecen la supervivencia de determinados microorganismos. La humedad, la presencia de minerales, la temperatura relativamente estable y la escasa exposición a la radiación crean un ambiente muy distinto al que se observa en la superficie.

Un estudio realizado en condiciones extremas

La investigación fue desarrollada por un equipo internacional que llevó a cabo varias campañas de muestreo entre 2023 y 2024. El trabajo no estuvo exento de dificultades, ya que algunas zonas de los tubos volcánicos seguían registrando temperaturas muy elevadas incluso años después de la erupción.

En determinados puntos, el aire alcanzaba aproximadamente los 60 grados centígrados, mientras que algunas superficies rocosas superaban los 90 grados, unas condiciones que obligaron a los investigadores a extremar las medidas de seguridad durante la recogida de muestras.

Pese a estas dificultades, los análisis permitieron confirmar la presencia de diversas comunidades microbianas perfectamente adaptadas a este ambiente extremo.

Las primeras formas de vida que colonizan el volcán

Los protagonistas de este descubrimiento no son animales ni plantas, sino organismos microscópicos pertenecientes principalmente a grupos de bacterias y arqueas.

Entre las bacterias identificadas destacan representantes de los filos Actinomycetota, Bacillota y Pseudomonadota, mientras que entre las arqueas se detectó la presencia de microorganismos del grupo Methanobacteriota.

Estos seres vivos poseen una extraordinaria capacidad para sobrevivir en ambientes donde la mayoría de las especies no podría desarrollarse. Muchas de estas bacterias resisten temperaturas elevadas, escasez de nutrientes y concentraciones importantes de sales o gases volcánicos.

Su presencia confirma que la colonización biológica comienza mucho antes de que aparezcan plantas, líquenes o pequeños animales visibles para el ser humano.

¿Cómo llegan los microorganismos a un lugar recién creado?

Una de las cuestiones que más interesaba a los investigadores era determinar el origen de estas primeras comunidades microbianas.

Los resultados apuntan a varias posibles vías de colonización. Una de ellas consiste en el transporte por el aire mediante partículas microscópicas, polvo, aerosoles o esporas capaces de recorrer largas distancias impulsadas por el viento.

Otra posibilidad es que algunos microorganismos lleguen transportados por diferentes especies animales. Durante la campaña de investigación realizada en 2024, los científicos encontraron restos de plumas, material utilizado para la construcción de nidos, telarañas y guano fresco de aves en las entradas de varios tubos volcánicos.

Aunque estos elementos puedan parecer insignificantes, constituyen una importante fuente inicial de materia orgánica. En un entorno donde todavía no existe suelo desarrollado ni vegetación, estos restos aportan los nutrientes necesarios para favorecer el establecimiento de los primeros microorganismos.

La adaptación resulta tan importante como la llegada

La investigación demuestra que no basta con que un microorganismo alcance el interior de un tubo volcánico para sobrevivir.

El ambiente impone numerosas limitaciones que actúan como un auténtico filtro natural. La temperatura, la ventilación, la humedad, la concentración de sales, la composición mineral de la roca y la presencia de determinados gases condicionan qué especies logran establecerse y cuáles desaparecen.

Los científicos destacan que la supervivencia depende de la capacidad de adaptación de cada organismo a estas condiciones extremas. En consecuencia, las comunidades microbianas evolucionan constantemente conforme cambia el propio entorno volcánico.

Los microorganismos también transforman la roca

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es comprobar que estos microorganismos no permanecen pasivos sobre la superficie volcánica.

Los investigadores observaron la formación de biopelículas, unas finas capas compuestas por millones de microorganismos que permanecen adheridos a la roca.

Estas biopelículas aparecieron asociadas a minerales ricos en sulfatos y carbonatos de sodio, lo que indica que ya se están produciendo procesos de interacción entre los seres vivos y los materiales volcánicos.

Con el paso del tiempo, esta actividad biológica favorece la alteración química de las rocas, acelera la liberación de minerales y contribuye lentamente a la formación del futuro suelo. Se trata del primer paso en la recuperación natural del ecosistema después de una erupción volcánica.

Un laboratorio natural para comprender Marte

Además de su importancia para la geología y la microbiología, este descubrimiento posee un enorme interés para la astrobiología.

Los tubos de lava también existen en Marte y desde hace años son considerados algunos de los lugares más prometedores para buscar posibles evidencias de vida pasada o incluso presente.

En la superficie marciana las condiciones resultan extremadamente hostiles debido a la intensa radiación solar, las bajas temperaturas y la escasa atmósfera. Sin embargo, el interior de los tubos volcánicos podría ofrecer una protección natural frente a estos factores.

Aunque este estudio no demuestra la existencia de vida en Marte, sí proporciona un modelo real sobre cómo comunidades microbianas pueden colonizar ambientes subterráneos extremos en un planeta volcánicamente activo como la Tierra.

Esta información permitirá diseñar futuras misiones espaciales con mejores criterios para identificar posibles señales biológicas en el planeta rojo.

La investigación continuará en los próximos años

Los científicos seguirán realizando campañas de seguimiento para conocer cómo evolucionan estas comunidades microbianas conforme el terreno volcánico envejece.

Uno de los principales objetivos será comprender con mayor precisión el papel que desempeñan estos microorganismos en la recuperación de los ecosistemas afectados por erupciones volcánicas.

Además, los investigadores estudiarán si algunas de estas especies producen compuestos bioactivos con potencial interés para la medicina, la biotecnología o la industria, un campo que todavía se encuentra en sus primeras fases de investigación.

El trabajo, publicado en la revista científica Environmental Microbiome, demuestra que incluso en los paisajes más devastados por una erupción la naturaleza inicia rápidamente su proceso de recuperación. Bajo las coladas del Tajogaite, donde hace apenas unos años solo existía roca fundida, ya comienzan a desarrollarse diminutas formas de vida que podrían ayudar a comprender tanto la regeneración de la Tierra como la posible existencia de vida en otros mundos.