Restauración de ecosistemas: el mundo recupera 252 millones de hectáreas, pero necesita triplicar sus esfuerzos
La restauración de ecosistemas avanza en diferentes regiones del planeta, pero el ritmo actual sigue siendo insuficiente para cumplir los compromisos internacionales de recuperación de la naturaleza. Un total de 149 países ha puesto en marcha iniciativas que abarcan aproximadamente 252 millones de hectáreas, la mayor superficie documentada hasta la fecha. Sin embargo, esta cifra representa apenas una cuarta parte de los 1.000 millones de hectáreas que los gobiernos se han comprometido a recuperar.
Un nuevo informe de Naciones Unidas advierte de que será necesario triplicar los esfuerzos antes de 2030 para alcanzar los objetivos establecidos en materia de biodiversidad y restauración ambiental. El desafío no consiste únicamente en ampliar las superficies intervenidas, sino también en garantizar que los ecosistemas recuperen sus funciones naturales y mantengan los resultados a largo plazo.
El documento, titulado Nature’s Comeback: Scaling Ecosystem Restoration for People and Planet, ha sido elaborado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).
Esta primera evaluación mundial integral de los avances en restauración de ecosistemas pone de manifiesto importantes diferencias entre regiones y tipos de hábitats. Aunque las iniciativas terrestres concentran la mayor parte de las actuaciones, los ríos, humedales y espacios marinos continúan recibiendo una atención insuficiente.
La restauración de ecosistemas avanza, pero está lejos de los objetivos de 2030
Las 252 millones de hectáreas que actualmente se encuentran bajo algún tipo de intervención representan un avance significativo en los esfuerzos internacionales para frenar la degradación ambiental. No obstante, todavía queda un largo camino para alcanzar los compromisos asumidos por los países.
El objetivo internacional se enmarca en el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, aprobado en diciembre de 2022 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad. Este acuerdo establece que, para 2030, al menos el 30 % de los ecosistemas terrestres, de aguas continentales, marinos y costeros degradados deberán encontrarse bajo procesos de restauración efectiva.
La diferencia entre las actuaciones actualmente documentadas y las metas internacionales refleja la magnitud del desafío. No basta con iniciar proyectos de recuperación ambiental: es necesario ampliar su alcance, mejorar su planificación y asegurar que los resultados puedan medirse de manera objetiva.
La distribución geográfica también presenta importantes desequilibrios. Asia concentra aproximadamente 192,2 millones de hectáreas en restauración, equivalentes al 76,3 % del total mundial. A continuación se sitúan África, con 36,3 millones de hectáreas, y Europa, con 9,1 millones.
América del Norte y Central registra alrededor de 5,8 millones de hectáreas, mientras que América del Sur cuenta con 5,4 millones y Oceanía con 3,2 millones.
A escala nacional, China destaca por la superficie de restauración terrestre documentada, con unos 127,4 millones de hectáreas. Sin embargo, el propio informe advierte de que estas cifras no deben interpretarse como una clasificación del compromiso ambiental de cada país, ya que también están condicionadas por factores como la extensión territorial y las metodologías utilizadas para registrar las intervenciones.
Ríos, humedales y ecosistemas marinos, los grandes olvidados
Uno de los resultados más preocupantes del informe es la enorme diferencia entre los esfuerzos dedicados a recuperar los ecosistemas terrestres y los destinados a los ambientes acuáticos.
Alrededor de 232 millones de hectáreas, aproximadamente el 92 % de la superficie documentada, corresponden a ecosistemas terrestres. En cambio, los proyectos relacionados con ecosistemas de agua dulce abarcan unos 11 millones de hectáreas, mientras que las actuaciones en espacios marinos y costeros representan aproximadamente 5,7 millones.
Este desequilibrio resulta especialmente relevante porque los ecosistemas acuáticos afrontan importantes presiones derivadas de la contaminación, la transformación del territorio, la sobreexplotación de los recursos y el cambio climático.
Los ríos desempeñan funciones esenciales para el mantenimiento de la biodiversidad, el abastecimiento de agua, la agricultura y el equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, la construcción de presas, la canalización de cauces, la extracción de agua y la contaminación pueden alterar profundamente su funcionamiento natural.
La situación de los humedales también es preocupante. Estos espacios actúan como importantes reservas de biodiversidad, contribuyen a regular los ciclos del agua, almacenan carbono y ayudan a reducir los efectos de las inundaciones. A pesar de estos beneficios, su degradación y desaparición continúan siendo problemas ambientales de alcance mundial.
Según los datos recogidos en el informe, desde 1970 se han perdido aproximadamente 384 millones de hectáreas de ecosistemas de agua dulce. Además, los humedales desaparecen a un ritmo muy superior al de los bosques, lo que pone de manifiesto la urgencia de desarrollar políticas específicas para su conservación y recuperación.
La restauración de estos entornos requiere actuaciones que vayan más allá de la reforestación o la limpieza de espacios naturales. También implica recuperar los flujos de agua, restablecer la conectividad ecológica, controlar las fuentes de contaminación y proteger las especies que dependen de estos hábitats.
La falta de datos dificulta medir los resultados de la restauración
Además de la financiación y la desigual distribución de los proyectos, el seguimiento de los resultados constituye otro de los grandes obstáculos para avanzar en la recuperación de la naturaleza.
El informe señala que, de los 125 países que habían presentado sus informes nacionales sobre biodiversidad hasta marzo de 2026, 63 no proporcionaron datos cuantitativos sobre sus avances en restauración.
Esta carencia dificulta conocer con precisión qué superficies están siendo recuperadas, qué técnicas se están utilizando y, sobre todo, si las intervenciones están consiguiendo mejorar realmente las condiciones ecológicas.
Contabilizar hectáreas bajo restauración no significa necesariamente que un ecosistema se haya recuperado. Para evaluar el éxito de estos proyectos es necesario analizar indicadores como la calidad del agua, la recuperación de las poblaciones de especies, la regeneración de la vegetación y la capacidad del entorno para mantener sus procesos naturales.
Durante la presentación del informe, la especialista de la FAO Yelena Finegold destacó la importancia de abordar simultáneamente dos prioridades: aumentar la escala de las actuaciones y mejorar los mecanismos de seguimiento de sus resultados.
La disponibilidad de información fiable permitirá identificar las intervenciones más eficaces, orientar las inversiones y evitar que los proyectos se limiten a cumplir objetivos superficiales sin conseguir una recuperación ecológica duradera.
La financiación debe multiplicarse para alcanzar los objetivos ambientales
La falta de recursos económicos representa otro de los principales desafíos para acelerar la restauración ambiental a escala mundial.
Según el informe, la inversión destinada a estas actividades alcanzó los 64.000 millones de dólares en 2022. Sin embargo, será necesario elevarla hasta aproximadamente 296.000 millones de dólares anuales en 2030 para responder a las necesidades de recuperación de los ecosistemas.
Esto significa multiplicar por más de cuatro la financiación actual en apenas ocho años.
El sector público continúa siendo la principal fuente de recursos, aportando aproximadamente el 73 % de las inversiones, mientras que el 27 % restante procede de fuentes privadas.
Para alcanzar los objetivos internacionales será necesario ampliar la participación de empresas, entidades financieras e inversores privados, además de mantener el compromiso de los gobiernos y las instituciones multilaterales.
El economista ambiental del PNUMA Salman Hussain destacó el potencial económico de estas actuaciones y señaló que cada dólar invertido en restauración puede generar hasta 30 dólares en beneficios, gracias a mejoras en la productividad agrícola, la disponibilidad de agua y la captura de carbono.
Esta rentabilidad potencial demuestra que la recuperación de la naturaleza no debe considerarse únicamente un gasto medioambiental. También puede contribuir al desarrollo económico, mejorar la seguridad alimentaria y reducir los costes asociados a la degradación de los recursos naturales.
La restauración de la naturaleza también puede generar millones de empleos
La recuperación de los ecosistemas no solo tiene consecuencias positivas para la biodiversidad y el equilibrio climático. También representa una oportunidad para impulsar el empleo y desarrollar nuevas actividades económicas vinculadas a la sostenibilidad.
Las 35 iniciativas emblemáticas de restauración reconocidas por Naciones Unidas han contribuido a generar más de 1,1 millones de puestos de trabajo.
Además, las previsiones recogidas en el informe apuntan a que el sector podría generar más de 32 millones de empleos para 2030, impulsando actividades relacionadas con la recuperación de bosques, la restauración de humedales, la protección de ríos y la regeneración de terrenos degradados.
Estos proyectos requieren profesionales especializados en ingeniería ambiental, gestión forestal, conservación de especies, tratamiento de aguas, planificación territorial y seguimiento de ecosistemas.
La recuperación de la naturaleza también puede favorecer el desarrollo de las comunidades rurales, especialmente en regiones donde la agricultura, la pesca y otras actividades económicas dependen directamente de la salud de los ecosistemas.
El informe destaca igualmente el potencial climático de estas intervenciones. La restauración del 15 % de las áreas prioritarias del planeta podría almacenar una cantidad de carbono equivalente al 30 % del incremento del dióxido de carbono atmosférico registrado desde la Revolución Industrial.
Asimismo, estas actuaciones podrían contribuir a evitar el 60 % de las extinciones de especies previstas en determinados escenarios de degradación ambiental.
Por tanto, invertir en restauración no solo permite recuperar espacios naturales, sino que también puede convertirse en una herramienta importante para combatir el cambio climático, proteger la biodiversidad y fortalecer las economías locales.
La Unión Europea quiere recuperar 25.000 kilómetros de ríos antes de 2030
La recuperación de los ecosistemas acuáticos ocupa un lugar destacado en las políticas ambientales europeas. Uno de los objetivos más relevantes se encuentra en el Reglamento de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea, que establece medidas específicas para mejorar el estado de los ríos y otros entornos naturales.
Entre sus objetivos figura devolver al menos 25.000 kilómetros de ríos a condiciones de flujo libre antes de 2030.
Para conseguirlo, los Estados miembros deberán identificar y eliminar barreras artificiales que interrumpen la conectividad de los cursos fluviales, siempre que resulte adecuado desde el punto de vista ambiental y teniendo en cuenta los usos existentes.
Estas barreras pueden incluir presas obsoletas, pequeños azudes y otras infraestructuras que impiden el desplazamiento natural del agua y dificultan la circulación de sedimentos y especies.
Restaurar un río no consiste únicamente en recuperar su aspecto natural. También implica restablecer los procesos ecológicos que permiten su funcionamiento, mejorar la calidad del agua y favorecer la recuperación de los hábitats acuáticos.
La conectividad fluvial es fundamental para numerosas especies de peces y otros organismos que necesitan desplazarse entre diferentes zonas para alimentarse, reproducirse o completar sus ciclos biológicos.
Además, el movimiento natural de los sedimentos contribuye a mantener los hábitats y los procesos geomorfológicos de los ríos.
Este enfoque demuestra por qué medir la restauración únicamente en hectáreas puede resultar insuficiente. En determinados ecosistemas, la recuperación de sus funciones naturales y de sus conexiones ecológicas es tan importante como la superficie intervenida.
Un desafío mundial que exige inversiones y compromisos a largo plazo
El informe de Naciones Unidas presenta un panorama que combina avances importantes con deficiencias estructurales. Los 252 millones de hectáreas bajo restauración representan un esfuerzo internacional significativo, pero todavía están lejos de los compromisos asumidos para 2030.
La concentración de las actuaciones en ecosistemas terrestres, la escasa recuperación de ambientes acuáticos, la falta de información comparable y las necesidades de financiación reflejan algunos de los principales obstáculos que deben superarse.
La secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Astrid Schomaker, ha insistido en la necesidad de actuar también sobre las causas que provocan la degradación ambiental y no limitar las políticas a proyectos aislados de recuperación.
Esto implica mejorar la planificación territorial, reducir la contaminación, gestionar de manera sostenible los recursos naturales y reforzar la participación de las comunidades locales y los pueblos indígenas.
La restauración de ecosistemas necesita convertirse en una política ambiental sostenida, respaldada por inversiones a largo plazo, objetivos verificables y mecanismos de seguimiento capaces de demostrar mejoras reales.
El margen para alcanzar las metas de 2030 se reduce, y los próximos años serán decisivos para determinar si los compromisos internacionales se traducen en una recuperación efectiva de la biodiversidad y de los servicios que la naturaleza proporciona a la sociedad.
Explora otros contenidos visitando nuestra sección de biodiversidad y medio ambiente en inglés.



