El estado de los océanos empeora y la presión humana se acelera
El estado de los océanos atraviesa un momento cada vez más delicado. El mar está absorbiendo buena parte del exceso de calor generado por el cambio climático y una cantidad importante del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas, pero esa función de amortiguador tiene un coste. El calentamiento, la subida del nivel del mar, la contaminación, la sobreexplotación de los recursos y la pérdida de biodiversidad están sometiendo a los ecosistemas marinos a una presión creciente.
La Tercera Evaluación Mundial de los Océanos de Naciones Unidas, presentada el 8 de junio de 2026, ofrece una de las panorámicas más completas sobre la situación actual del medio marino. El informe reúne el trabajo de cientos de expertos de todo el mundo y analiza conjuntamente las dimensiones ambientales, económicas y sociales relacionadas con los océanos.
La conclusión general es clara: las presiones provocadas por la actividad humana no solo son graves, sino que además se acumulan y se están intensificando.
El nivel del mar sube a un ritmo cada vez mayor
Uno de los indicadores más evidentes del cambio que está experimentando el océano es el aumento del nivel medio del mar. Entre 2013 y 2023, el nivel global subió a una velocidad media de 4,3 milímetros al año, más del doble que los 2,1 milímetros anuales registrados entre 1993 y 2002.
Aunque unos pocos milímetros puedan parecer una cifra pequeña, el problema está en su acumulación a lo largo del tiempo. Además, el aumento del nivel del mar no se distribuye de manera uniforme por todo el planeta, por lo que algunas regiones costeras pueden experimentar incrementos superiores a la media mundial.
La subida responde principalmente a dos procesos relacionados con el calentamiento global. Por un lado, el agua del océano se expande cuando aumenta su temperatura. Por otro, el deshielo de glaciares y grandes masas de hielo continental aporta agua adicional al mar.
Para las poblaciones costeras, las consecuencias pueden ser importantes. Un nivel medio del mar más elevado hace que las mareas altas alcancen mayores cotas y aumenta la exposición de las costas a inundaciones, erosión y fenómenos extremos como las marejadas asociadas a las tormentas.
El océano está acumulando una cantidad extraordinaria de calor
El océano desempeña una función fundamental en la regulación del clima terrestre. Desde 1955, ha absorbido más del 90 % del exceso de calor acumulado en el sistema climático.
Esta capacidad ha reducido parte del calentamiento que, de otro modo, habría afectado directamente a la atmósfera y a la superficie terrestre. Sin embargo, almacenar ese calor está transformando las condiciones físicas y biológicas del medio marino.
Un dato especialmente significativo de la evaluación de Naciones Unidas es que aproximadamente el 16 % del incremento total del contenido de calor del océano registrado desde 1955 se produjo entre 2018 y 2023. Ese periodo representa solamente una pequeña parte de la serie histórica analizada.
El calentamiento tampoco es idéntico en todas las regiones. El informe señala un aumento especialmente importante en buena parte del Atlántico y en zonas meridionales de los océanos Índico y Pacífico.
El incremento de la temperatura del agua puede alterar la distribución de especies, favorecer episodios de calor marino, afectar a los arrecifes de coral y contribuir al deshielo de las grandes masas de hielo. También modifica las condiciones en las que funcionan numerosos ecosistemas marinos.
Los cambios en las corrientes pueden tener efectos globales
Las corrientes oceánicas son otro componente esencial del sistema climático. Transportan calor, nutrientes y oxígeno y participan en la regulación de las condiciones atmosféricas y de numerosos ecosistemas.
Los cambios en la circulación marina pueden afectar a la distribución de especies, a las pesquerías y a las condiciones climáticas regionales. Por eso, la evolución de las grandes corrientes oceánicas constituye una de las áreas de investigación prioritarias.
El comportamiento de la circulación del Atlántico genera especial interés por sus posibles consecuencias para Europa y otras regiones del hemisferio norte. Sin embargo, la ciencia todavía mantiene importantes incertidumbres sobre la magnitud y la velocidad de determinados cambios.
Esto demuestra una de las dificultades centrales para comprender el estado de los océanos: el sistema marino es extremadamente complejo y sus diferentes componentes están conectados entre sí.
La contaminación por plástico alcanza una escala planetaria
La contaminación por plástico se ha convertido en otra de las grandes amenazas para los ecosistemas marinos. Según la evaluación de Naciones Unidas, cada año llegan al océano aproximadamente 52,1 millones de toneladas de residuos plásticos.
Una parte importante termina fragmentándose en partículas cada vez más pequeñas. Se estima que en las capas superiores del océano existen alrededor de 24,4 billones de partículas de microplástico.
Estas partículas pueden proceder de múltiples fuentes. Envases y productos desechables, textiles, neumáticos, pinturas, artes de pesca y otros materiales pueden acabar contribuyendo a la contaminación marina.
El problema no se limita a las playas o a las aguas próximas a las ciudades. Los residuos plásticos pueden desplazarse grandes distancias mediante las corrientes, hundirse hasta zonas profundas o incorporarse a diferentes ecosistemas.
Más de 4.000 especies marinas aparecen afectadas por distintos tipos de contaminación relacionada con los residuos. Esto convierte al plástico en un problema que afecta a la biodiversidad, pero también a actividades económicas como la pesca y el turismo.
Todavía conocemos muy poco del fondo marino
A pesar de los avances tecnológicos registrados durante las últimas décadas, una parte enorme del océano continúa sin estar suficientemente estudiada.
En 2025, únicamente el 27,3 % del fondo marino estaba cartografiado. Esto significa que la mayor parte de las profundidades oceánicas todavía presenta importantes lagunas de conocimiento.
El problema va más allá de disponer de mapas. Los científicos siguen teniendo información limitada sobre numerosas especies, comunidades microbianas, procesos biológicos y ecosistemas de aguas profundas.
Esta falta de conocimiento adquiere todavía más importancia porque aumenta el interés económico por los recursos del fondo marino. La exploración de minerales y otros recursos puede generar nuevas presiones sobre ecosistemas cuya estructura y funcionamiento todavía no comprendemos completamente.
La evaluación de Naciones Unidas destaca, además, las desigualdades existentes en capacidad científica y tecnológica entre diferentes regiones del planeta. Mejorar la investigación y compartir datos será fundamental para tomar decisiones con una base científica sólida.
La salud del océano afecta directamente a millones de personas
La situación de los océanos no es un problema limitado a las zonas donde se practica la pesca o se encuentran grandes puertos. Aproximadamente el 37 % de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de la costa y alrededor del 11 % reside en terrenos situados a menos de 10 metros sobre el nivel del mar.
Las zonas costeras concentran una parte considerable de la población, las infraestructuras y la actividad económica mundial. Turismo, transporte marítimo, pesca, comercio, energía y numerosas industrias dependen directa o indirectamente de unos ecosistemas marinos funcionales.
Los pequeños pescadores también desempeñan un papel relevante. Las pesquerías a pequeña escala proporcionan empleo a decenas de millones de personas y constituyen una fuente esencial de alimentos y recursos económicos en numerosas comunidades costeras.
Por ello, el deterioro de los océanos puede traducirse en consecuencias económicas y sociales. La pérdida de biodiversidad, la degradación de hábitats, la contaminación y el calentamiento pueden afectar a la disponibilidad de recursos y aumentar la vulnerabilidad de las comunidades que dependen del mar.
Un nuevo acuerdo internacional abre una vía para proteger el océano abierto
No todo el panorama es negativo. En 2026 entró en vigor el acuerdo internacional destinado a proteger la biodiversidad marina en las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional.
El denominado Acuerdo sobre la Biodiversidad Marina de las Zonas Situadas Fuera de la Jurisdicción Nacional establece un marco internacional para mejorar la conservación de la biodiversidad en alta mar y permite avanzar en cuestiones como las áreas marinas protegidas, los recursos genéticos marinos y las evaluaciones de impacto ambiental.
Su entrada en vigor representa un avance importante después de años de negociaciones internacionales. Sin embargo, la protección efectiva del océano sigue dependiendo de la cooperación entre países y de la aplicación práctica de las medidas acordadas.
La gobernanza continúa siendo uno de los grandes desafíos porque diferentes actividades, como la pesca, el transporte marítimo, la conservación ambiental y la explotación de recursos, están sometidas a distintos marcos regulatorios.
Qué se puede hacer para proteger los océanos
La evaluación mundial deja claro que no existe una única solución capaz de revertir todos los problemas que afectan al océano. La respuesta debe abordar simultáneamente el cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la explotación de los recursos marinos.
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es fundamental para limitar el calentamiento del océano y la subida del nivel del mar. Al mismo tiempo, es necesario reducir la contaminación por plástico durante todo su ciclo de vida, mejorar la gestión de residuos y avanzar hacia modelos de producción y consumo menos dependientes de productos de un solo uso.
La gestión sostenible de la pesca también resulta esencial para evitar el deterioro de las poblaciones de peces y garantizar que los recursos puedan seguir proporcionando alimentos y empleo en el futuro.
A estas medidas debe añadirse una mayor protección y restauración de ecosistemas marinos y costeros, desde arrecifes y manglares hasta praderas marinas y otros hábitats fundamentales para la biodiversidad.
También será necesario invertir más en ciencia y observación oceánica. Cuanto mejor se conozcan las transformaciones que están ocurriendo bajo el agua, mayor será la capacidad para anticipar riesgos y diseñar políticas eficaces.
El estado de los océanos refleja, en buena medida, la relación entre la actividad humana y el sistema natural que sostiene buena parte de la vida del planeta. El mar continúa absorbiendo calor, almacenando carbono y proporcionando alimentos, empleo y protección costera, pero su capacidad para soportar nuevas presiones no es ilimitada.
La Tercera Evaluación Mundial de los Océanos plantea precisamente ese desafío: comprender que proteger el océano no significa únicamente conservar la vida marina. También implica proteger las economías, las comunidades costeras y una parte esencial del equilibrio climático de la Tierra.
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