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Las plantas de la Tierra podrían sobrevivir casi 1.900 millones de años más, según un estudio

Domingo, 19 julio 2026
Tiempo de lectura: 5 min
Futuro de las plantas en la tierra
Imagen: Freepik.es

Durante décadas, los científicos han intentado responder una de las preguntas más fascinantes sobre el futuro de nuestro planeta: ¿cuánto tiempo podrán seguir existiendo las plantas en la Tierra? Una nueva investigación ofrece una respuesta mucho más optimista de lo que se pensaba hasta ahora. Según un estudio realizado por los investigadores Jacob Haqq-Misra y Eric Wolf, la vegetación terrestre podría mantenerse activa durante cerca de 1.900 millones de años antes de que las condiciones del planeta hagan imposible la fotosíntesis.

Este nuevo escenario modifica significativamente las estimaciones anteriores y aporta una visión más completa sobre la evolución a largo plazo de la Tierra. Además de ayudar a comprender el destino de nuestro planeta, los resultados también ofrecen información valiosa para la búsqueda de vida en exoplanetas con condiciones similares.

Quienes deseen conocer más detalles sobre esta investigación pueden consultar el análisis publicado sobre el futuro de las plantas en la Tierra, donde se explica cómo los nuevos modelos climáticos han cambiado nuestra comprensión sobre el futuro de la biosfera terrestre.

Un horizonte mucho más lejano para la vegetación terrestre

Las primeras estimaciones sobre el final de la vida vegetal se basaban en modelos relativamente simples que proyectaban la evolución del Sol y de la atmósfera terrestre. Sin embargo, la nueva investigación emplea modelos climáticos tridimensionales mucho más sofisticados, capaces de simular con mayor precisión la interacción entre la radiación solar, la atmósfera, los océanos y el ciclo del carbono.

Los resultados indican que las plantas podrían seguir sobreviviendo durante aproximadamente entre 1.840 y 1.870 millones de años, dependiendo del comportamiento futuro del ciclo geológico del carbono. Esta cifra representa una diferencia considerable respecto a estudios anteriores, que situaban el final de la vegetación cientos de millones de años antes.

Aunque estos plazos son prácticamente inimaginables desde la perspectiva humana, resultan fundamentales para comprender la evolución de los planetas habitables y la duración potencial de las biosferas.

El Sol será el principal responsable del cambio

El estudio señala que el mayor desafío para las plantas no será el cambio climático provocado por la actividad humana, sino la evolución natural del Sol.

Como ocurre con todas las estrellas de tipo solar, el Sol aumenta lentamente su luminosidad a medida que consume su combustible nuclear. Ese incremento apenas resulta perceptible durante la historia de la civilización, pero adquiere una enorme importancia cuando se analizan escalas temporales de cientos o miles de millones de años.

Con una mayor cantidad de energía llegando a la Tierra, las temperaturas globales continuarán aumentando de forma gradual. En determinados escenarios, el calor alcanzará niveles incompatibles con la supervivencia de la mayoría de las especies vegetales terrestres.

Los investigadores estiman que muchas plantas comenzarían a desaparecer alrededor de los 1.680 millones de años en el futuro, mientras que la extinción de prácticamente toda la vegetación terrestre llegaría cerca de los 1.870 millones de años si la temperatura termina convirtiéndose en el principal factor limitante.

El dióxido de carbono también determinará el destino de la biosfera

La supervivencia de las plantas no depende únicamente de la temperatura. El dióxido de carbono (CO₂) constituye uno de los elementos esenciales para la fotosíntesis, el proceso mediante el cual las plantas producen la materia orgánica que sostiene la mayor parte de los ecosistemas del planeta.

A lo largo de millones de años, el CO₂ atmosférico disminuye lentamente debido a procesos naturales como la meteorización de las rocas silicatadas. Este mecanismo captura carbono de la atmósfera y lo almacena en minerales, mientras que la actividad volcánica devuelve parte de ese carbono al aire.

El equilibrio entre ambos procesos determinará cuánto dióxido de carbono seguirá disponible para las plantas.

En uno de los escenarios analizados por los investigadores, la concentración de CO₂ disminuiría hasta niveles demasiado bajos para sostener la fotosíntesis convencional. Bajo estas condiciones, las plantas especializadas en metabolismo C4 podrían sobrevivir durante más tiempo que las especies tradicionales, retrasando parcialmente el colapso de la vegetación mundial.

No todas las plantas responderán de la misma manera

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que el final de la vida vegetal no ocurriría de forma simultánea para todas las especies.

Las plantas utilizan distintos mecanismos para realizar la fotosíntesis. La mayoría pertenece al grupo conocido como plantas C3, que requiere concentraciones relativamente elevadas de dióxido de carbono.

En cambio, las plantas C4 han desarrollado adaptaciones que les permiten aprovechar cantidades mucho menores de CO₂ y soportar temperaturas más elevadas. Existe además un tercer grupo, las plantas CAM, presentes en numerosos cactus, suculentas y algunas orquídeas, que presentan una resistencia aún mayor frente a ambientes extremos.

Esto significa que la desaparición de los grandes bosques ocurriría mucho antes que la extinción de las especies mejor adaptadas a condiciones áridas y con escasez de carbono.

Los investigadores también recuerdan que determinadas plantas acuáticas pueden utilizar bicarbonato disuelto en el agua cuando el CO₂ atmosférico escasea, lo que permitiría mantener pequeños refugios de vida vegetal durante un periodo adicional.

La evolución podría modificar las previsiones

Aunque los modelos climáticos actuales representan la mejor aproximación científica disponible, los propios autores reconocen que existen incertidumbres inevitables cuando se analizan periodos tan prolongados.

La evolución biológica ha demostrado repetidamente una enorme capacidad de adaptación. Hace cientos de millones de años no existían árboles, flores ni muchas de las plantas que hoy dominan los ecosistemas terrestres. La aparición de nuevas estrategias evolutivas podría modificar parcialmente el calendario previsto.

Los investigadores plantean la posibilidad de que futuras especies vegetales desarrollen mecanismos capaces de funcionar con concentraciones extremadamente bajas de dióxido de carbono o soportar temperaturas mucho más elevadas que las actuales.

También mencionan, desde un punto de vista puramente hipotético, que una civilización tecnológicamente muy avanzada podría llegar a intervenir sobre el clima del planeta para prolongar las condiciones favorables para la vida, aunque esta posibilidad pertenece por ahora al terreno de la especulación.

La desaparición de las plantas no supondrá necesariamente el final de toda la vida

El colapso de la vegetación tendría consecuencias devastadoras para los ecosistemas. Sin plantas desaparecería la principal fuente de producción de oxígeno y materia orgánica que sostiene a animales, insectos y gran parte de los microorganismos superficiales.

Sin embargo, la vida no desaparecería por completo.

Diversos microorganismos ya habitan en la actualidad a varios kilómetros bajo la superficie terrestre, donde sobreviven gracias a reacciones químicas entre minerales, agua y compuestos presentes en las rocas, sin depender de la luz solar.

Estas formas de vida podrían persistir mucho después de que la superficie del planeta dejara de ser habitable para plantas y animales complejos, prolongando la existencia de la biosfera durante un periodo aún mayor.

Implicaciones para la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar

Los resultados de esta investigación también tienen un impacto importante en la astrobiología.

Cuando los astrónomos buscan planetas potencialmente habitables, no basta con analizar su distancia respecto a su estrella. También resulta fundamental comprender cómo evolucionará esa estrella, cómo funciona el ciclo del carbono del planeta y de qué manera interactúan su atmósfera, su geología y su clima.

Este estudio demuestra que la habitabilidad de un planeta no permanece constante a lo largo del tiempo. Un mundo puede conservar condiciones favorables para la vida durante mucho más tiempo del previsto si sus procesos geológicos y atmosféricos mantienen un equilibrio adecuado.

Comprender estos mecanismos permitirá identificar con mayor precisión qué exoplanetas podrían albergar vida compleja y durante cuánto tiempo podrían mantener ecosistemas activos.

En definitiva, esta investigación ofrece una visión más optimista sobre el futuro lejano de nuestro planeta. Aunque el aumento gradual del brillo solar acabará transformando la Tierra en un entorno hostil para la vegetación, las plantas todavía dispondrían de cerca de 1.900 millones de años de existencia. Este nuevo horizonte no solo amplía nuestra comprensión sobre la evolución de la biosfera terrestre, sino que también proporciona nuevas herramientas para interpretar la historia y el futuro de los mundos potencialmente habitables que existen más allá del Sistema Solar.

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