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La contaminación por mercurio en la Antártida aumenta por el deshielo de los glaciares

Jueves, 30 julio 2026
Tiempo de lectura: 3 min
Deshielo

El acelerado deshielo en la Antártida no solo está modificando el paisaje del continente helado o contribuyendo al aumento del nivel del mar. Un estudio científico reciente ha revelado otra consecuencia preocupante: la liberación de grandes cantidades de mercurio que permanecían atrapadas bajo el hielo y en los suelos congelados desde hace siglos. Este fenómeno convierte a la región en una nueva fuente de contaminación ambiental con posibles efectos sobre los ecosistemas marinos y el clima global.

La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), concluye que la acumulación de mercurio en la Península Antártica ha aumentado un 160 % desde el inicio de la era industrial, impulsada por el retroceso de los glaciares y el incremento de las temperaturas provocado por el cambio climático.

Un contaminante retenido durante siglos

El mercurio llega al medio ambiente tanto por procesos naturales como por actividades humanas, especialmente la quema de combustibles fósiles, la minería y diversos procesos industriales. Durante cientos e incluso miles de años, parte de este metal quedó atrapado en los glaciares y en el permafrost antártico, actuando el hielo como un enorme depósito natural.

Sin embargo, el calentamiento global está alterando ese equilibrio. A medida que los glaciares retroceden y aumenta el deshielo, el agua arrastra el mercurio acumulado hacia ríos, costas y océanos, donde vuelve a incorporarse al ciclo ambiental.

Un estudio basado en dos siglos de registros

Para conocer la evolución del problema, un equipo internacional de investigadores analizó 16 núcleos de sedimentos obtenidos en distintos puntos de la Península Antártica y de su plataforma continental. Gracias al análisis geoquímico e isotópico de estos sedimentos fue posible reconstruir la evolución del mercurio durante los últimos 200 años.

Los resultados muestran que la plataforma continental antártica registra una acumulación anual de aproximadamente 93 microgramos de mercurio por metro cuadrado, una cifra superior a la observada en muchas otras regiones costeras del planeta, pese al aislamiento geográfico del continente.

Este hallazgo demuestra que ni siquiera los ecosistemas más remotos permanecen al margen de la contaminación generada por la actividad humana.

El cambio climático acelera la liberación de mercurio

Los científicos atribuyen el incremento de este contaminante principalmente al deshielo y a la erosión del terreno. Según el estudio, la cantidad de mercurio liberada como consecuencia de estos procesos ha aumentado alrededor de un 550 % desde la Revolución Industrial.

Una vez llega al océano, parte del mercurio queda retenida en los sedimentos, pero otra parte vuelve a la atmósfera mediante el intercambio de gases entre el agua y el aire. Los investigadores estiman que estos flujos atmosféricos también han aumentado de forma notable durante los últimos dos siglos, favoreciendo que el contaminante vuelva a dispersarse por otras regiones del planeta.

Este proceso crea un ciclo que puede prolongar la presencia del mercurio en el medio ambiente durante décadas.

Riesgos para la biodiversidad marina

El mercurio es uno de los contaminantes más peligrosos debido a que puede transformarse en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se incorpora fácilmente a los organismos vivos.

Peces, moluscos, aves marinas y mamíferos como las focas o las ballenas pueden acumular este compuesto en sus tejidos. A medida que asciende por la cadena alimentaria, la concentración aumenta, afectando especialmente a los grandes depredadores y alterando el equilibrio de los ecosistemas marinos.

Los científicos advierten de que la continuidad del calentamiento global podría intensificar este fenómeno, incrementando la exposición de la fauna antártica a uno de los contaminantes más persistentes del planeta.

Un nuevo desafío para las políticas ambientales

Los autores del estudio consideran que el deshielo debe incorporarse como un factor clave en las estrategias internacionales de control de contaminantes. Hasta ahora, gran parte de las políticas se han centrado en reducir las emisiones actuales de mercurio, pero esta investigación demuestra que el cambio climático también puede liberar enormes cantidades de contaminación histórica almacenada bajo el hielo.

La protección de los glaciares adquiere así una importancia aún mayor. No solo contribuye a limitar el aumento del nivel del mar, sino que también evita que sustancias tóxicas acumuladas durante siglos vuelvan a circular por los océanos y la atmósfera.

El estudio pone de manifiesto que las consecuencias del calentamiento global van mucho más allá del incremento de las temperaturas. La liberación de contaminantes atrapados en los ecosistemas helados representa un riesgo añadido para la biodiversidad y refuerza la necesidad de acelerar las medidas destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y proteger los entornos polares.

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