Crocs y sostenibilidad: ¿qué impacto ambiental tienen realmente estos populares zuecos?
Las Crocs se han convertido en uno de los calzados más populares del mundo gracias a su comodidad, ligereza y resistencia. Cada verano vuelven a ser protagonistas en playas, piscinas, jardines y escapadas al aire libre, pero junto a su éxito comercial también ha surgido una pregunta cada vez más frecuente entre los consumidores: ¿son realmente sostenibles las Crocs?
La respuesta no es sencilla. En los últimos años, la compañía ha puesto en marcha diversas iniciativas para reducir el impacto ambiental de sus productos, sustituyendo parte de las materias primas de origen fósil por materiales bio-circulares, disminuyendo su huella de carbono y promoviendo programas de reutilización del calzado. Sin embargo, expertos en sostenibilidad recuerdan que todavía existen importantes desafíos relacionados con la fabricación, el reciclaje y la economía circular.
Una menor huella de carbono, pero con matices
Uno de los principales argumentos ambientales de Crocs es la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la fabricación de su modelo más conocido, el Classic Clog.
Según datos facilitados por la propia empresa y verificados por la entidad independiente SGS, un par fabricado con su nuevo compuesto BioCroslite genera una huella aproximada de 1,92 kilogramos de CO₂ equivalente durante todo su ciclo de vida.
La evaluación contempla todas las fases del producto: extracción de materias primas, fabricación, transporte, embalaje, uso y gestión al final de su vida útil. Este tipo de análisis se conoce como evaluación «de la cuna a la tumba» y permite obtener una visión más completa del impacto ambiental.
La versión equivalente fabricada con materiales convencionales alcanzó los 2,17 kilogramos de CO₂ equivalente, lo que supone una reducción cercana a los 250 gramos de emisiones por cada par.
No obstante, esta cifra debe interpretarse con cautela. La verificación se realizó tomando como referencia una única planta de producción situada en Vietnam y empleando datos secundarios para parte del análisis, por lo que no puede afirmarse que todos los pares vendidos en cualquier país tengan exactamente la misma huella ambiental.
¿Qué significa que unas Crocs tengan contenido bio-circular?
Uno de los conceptos que más confusión genera entre los consumidores es el denominado contenido bio-circular.
Durante 2025, Crocs informó de que el Classic Clog incorporaba aproximadamente un 25 % de contenido bio-circular mediante un sistema conocido como balance de masas.
Este proceso consiste en sustituir parte de las materias primas fósiles utilizadas para fabricar el compuesto Croslite por materias primas obtenidas a partir de residuos biológicos, como aceites de cocina usados u otros subproductos vegetales.
Sin embargo, esto no significa necesariamente que una cuarta parte física de cada zueco esté fabricada con esos residuos.
El sistema de balance de masas permite mezclar materias primas renovables y convencionales durante la producción. Posteriormente, mediante una contabilidad certificada, se asigna una determinada cantidad de material sostenible a una parte concreta de la producción.
Este modelo está ampliamente reconocido en industrias como la química o la fabricación de plásticos, ya que facilita la incorporación progresiva de materias primas renovables sin necesidad de crear líneas de producción completamente independientes.
Por tanto, la certificación acredita la trazabilidad del material sostenible dentro del sistema, pero no garantiza la composición física exacta de cada par de Crocs.
Los objetivos ambientales de Crocs para los próximos años
La compañía ha anunciado diferentes compromisos para reducir el impacto ambiental de sus productos durante esta década.
Entre ellos destaca el objetivo de alcanzar un 50 % de contenido bio-circular en el modelo Classic Clog antes de 2030, además de reducir significativamente la huella de carbono asociada a su fabricación.
Sin embargo, algunos de estos compromisos han sido modificados respecto a los planes iniciales.
Cuando Crocs presentó su estrategia climática en 2021, anunció la intención de alcanzar las emisiones netas cero en 2030. Posteriormente, la empresa actualizó su hoja de ruta y trasladó ese objetivo a 2040, estableciendo metas intermedias para reducir tanto las emisiones directas como parte de las generadas por su cadena de suministro.
Este cambio no elimina los avances conseguidos, aunque refleja la complejidad que supone transformar completamente los procesos industriales de una empresa con producción y distribución a escala mundial.
El reciclaje sigue siendo uno de los grandes retos
Otro de los aspectos clave en materia de Crocs sostenibilidad es la gestión del calzado cuando termina su vida útil.
La empresa ha ampliado en los últimos años su programa Old Crocs. New Life., mediante el cual los consumidores pueden entregar pares usados en determinadas tiendas participantes.
El calzado que todavía puede utilizarse se destina a donaciones, mientras que los modelos muy deteriorados se clasifican para estudiar posibles procesos de reciclaje o recuperación de materiales.
Además, la marca lanzó una edición limitada denominada Keep It Going Classic Clog, fabricada con un 25 % de material reciclado posconsumo obtenido a partir de zapatos recuperados.
Es importante distinguir este material reciclado del contenido bio-circular. Mientras el primero procede de residuos de calzado ya utilizado, el segundo sustituye parcialmente materias primas fósiles por materias renovables certificadas mediante el sistema de balance de masas.
Por el momento, el uso de material reciclado posconsumo se limita a determinados modelos y todavía no forma parte de toda la colección.
¿Son las Crocs un producto sostenible?
Desde un punto de vista ambiental, las Crocs han mejorado algunos indicadores respecto a años anteriores, especialmente en la reducción de emisiones y en la incorporación de materias primas renovables.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que ningún producto nuevo puede considerarse completamente sostenible únicamente por reducir parcialmente su huella de carbono.
La fabricación de cualquier calzado continúa requiriendo energía, transporte, recursos naturales y procesos industriales que generan emisiones.
Además, la sostenibilidad depende también del tiempo durante el cual se utiliza el producto. Un par de Crocs empleado durante muchos años tendrá un impacto ambiental mucho menor que varios pares sustituidos únicamente por motivos estéticos o por cambios de tendencia.
Qué tener en cuenta antes de comprar unas Crocs
Antes de adquirir un nuevo par conviene preguntarse si realmente es necesario, cuánto tiempo se utilizará y si el modelo ofrece información ambiental transparente y verificable.
Las promociones o descuentos pueden hacer más atractiva la compra, pero no reducen el impacto ambiental asociado a la fabricación de un producto nuevo.
Prolongar la vida útil del calzado sigue siendo una de las medidas más eficaces para disminuir su huella ambiental. Cuando finalmente ya no pueda utilizarse, lo recomendable es depositarlo en los sistemas de recogida selectiva habilitados por los municipios o participar en programas de devolución impulsados por fabricantes y distribuidores.
En definitiva, la sostenibilidad de las Crocs ha avanzado gracias a la incorporación de materiales bio-circulares, la reducción parcial de emisiones y el desarrollo de iniciativas de reciclaje. No obstante, el verdadero reto sigue siendo aumentar el uso de materiales recuperados, mejorar la circularidad del producto y prolongar la vida útil del calzado. Para los consumidores, la decisión más sostenible continúa siendo comprar únicamente cuando sea necesario y utilizar cada par durante el mayor tiempo posible.
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